Ciencia es el arte de crear ilusiones convenientes, que el necio acepta o disputa, pero de cuyo ingenio goza el estudioso, sin cegarse ante el hecho de que tales ilusiones son otros tantos velos para ocultar las profundas tinieblas de lo insondable.
Carl G. Jung.
La Psicología Transpersonal, al integrar la dimensión espiritual amplía el horizonte de comprensión de la Conciencia Humana.
El término transpersonal significa “más allá” o “a través” de lo personal, y se refiere a las experiencias, procesos y eventos que trascienden nuestra limitada sensación habitual de identidad y nos permiten experimentar una realidad mayor y más significativa.
(Daniels, 2008: 29).
Nuestra conciencia normal de vigilia, que nosotros llamamos racional, no es más que un tipo especial de consciencia, y a su alrededor, separadas de ella por la más transparente de las películas, existen formas potenciales de consciencia totalmente diferentes.
W. James, The Varieties of Religious Experience (Fontana, Londres, 1971), pág, 374.
La Psicología transpersonal trata del estudio de los potenciales más elevados de la humanidad y del reconocimiento, comprensión y actualización de los estados de conciencia unitivos, espirituales y trascendentes.
(Lajoie y Shapiro, 1992: 91).
Estudia e investiga las interacciones (procesos, eventos y experiencias) de la psique con nuestro sentido de la identidad, y establece métodos y aplicaciones terapéuticas para trascender el ego y sanar posibles traumas psicológicos que nos limitan de forma inconsciente.
En los años 60’ surge esta corriente de pensamiento en California.
La misma logro establecer un marco teórico y filosófico coherente, amplió la visión del hombre y el desarrollo de diferentes alternativas en lo que hace a las técnicas terapéuticas a utilizar para la curación, transformación y crecimiento personal.
A través de una metodología empírica esta área de la psicología ha ido aproximando el diálogo entre la práctica psicológica (fundamentalmente clínica) y ciertos principios de las tradiciones espirituales.
Entre sus fundadores podemos mencionas a Abraham Maslow, Gregory Bateson y Stanislav Grof.
Resulta más que interesante que los nuevos desarrollos revolucionarios en la física cuántica, se encuentran en plena compatibilidad con la psicología transpersonal, mientras que resultan irreconciliables con el pensamiento Newtoniano Cartesiano del siglo XVII.
“Sostengo que el sentimiento religioso cósmico es la más fuerte y noble de las incitaciones
a la investigación científica”.
ALBERT EINSTEIN
Los descubrimientos de la física moderna exigían profundos cambios en conceptos corno espacio, tiempo, materia, objeto, causa y efecto, etc.
Dado que estos conceptos son totalmente básicos para nuestra manera de experimentar el mundo, no es sorprendente que los físicos que debían cambiarlos experimentasen algo parecido a una conmoción.
De estos cambios surgió una visión del mundo radicalmente distinta, y que todavía, a través de la actual investigación científica, está en proceso de formación.
Todo parece indicar que, tanto los místicos orientales como los físicos occidentales pasaron por experiencias similares, que los llevaron a contemplar el mundo desde perspectivas totalmente diferentes y nuevas.
En las dos citas siguientes, el físico europeo Niels Bohr y el místico hindú Sri Aurobindo manifiestan la profundidad y el carácter radical de esta experiencia:
La gran tensión que hemos soportado durante los últimos años ha demostrado la insuficiencia de nuestras simples concepciones mecanicistas, y como consecuencia de ello, ha hecho que se tambaleen los cimientos sobre los que estaba basada la interpretación usual de nuestras observaciones.
Niels Bohr
N. Bohr, Atomic Physics and the Description of Nature (Cambridge University Press, Londres, 1934), pág. 2.
Todas las cosas, comienzan de hecho a cambiar su naturaleza y su apariencia. Nuestra experiencia del mundo pasa a ser totalmente diferente... Una nueva forma, vasta y profunda de experimentar, de ver, de saber, de tomar contacto con las cosas. S. Aurobindo, Ort Yoga II (Aurobindo Ashram, Pondicherry, India, 1958), Tomo 1, pág, 327. |